Julieta Díaz no es de esas personas públicas que cuentan o muestran su vida desde lo mediático. Sus exposiciones son contadas con los dedos de una mano, pero esta vez, blanqueó una parte de su intimidad de manera clara y tranquila. Fue durante una entrevista que decidió expresar y compartir un momento muy especial de su historia sexual.
Fue en el Podcast de “Lesboteca” donde Julieta Díaz habló de esa historia que había quedado en el tiempo, pero no había podido cerrar. Un enamoramiento fortísimo de una actriz a quien la unía un sentimiento de amistad fuerte, pero por la que sentía algo más… y ella no terminaba de reconocerlo: “En todos los trabajos que hacíamos, queríamos trabajar juntas. Me llamaba mucho la atención, tenía un sentido del humor excelente… Era brillante como actriz. Yo estaba medio fascinada, pero no registraba… Me gustaba como actriz. Era mi preferida, era la que más me gustaba cómo actuaba y era mi mejor amiga del equipo de laburo”.
Ella tenía 17 años, la actriz dos años más que Julieta… Entre ellas todo fluía de manera natural, espontánea… algo había más allá que ninguna de las dos dejaba fluir: “Tengo un recuerdo muy vivido de estar en la casa con ella, las dos, y algo como de una excitación, pero no había una cosa del deseo de decir: ‘Necesito besarla, necesito tocarla’. Yo siento que ahora quizás me lo reprimí y en ese momento sí lo sentía. No lo sé, pero en ese momento era una cosa más platónica”.
De aquellos momentos pasaron 20 años, dos décadas en las que se encontraron casualmente, hubo coincidencias en estrenos y en diferentes momentos… los encuentros eran tremendos, de abrazos y alegría por verse… cada una siguió su vida, Julieta tuvo sus amores y hasta tuvo a su hija con Brent Federight… “Nos dejamos ver por cosas de la vida, pero cada vez que me la cruzaba, ya sea en la calle o una obra de teatro, siempre había una cosa de mucha alegría, de abrazarnos…”
Un día, Julieta tomó coraje y la invitó a cenar a su casa… “Fue muy amoroso, muy hermoso. Fue una historia platónica que, después de muchos años, pudo transformarse en un momento real. Fue muy importante para mí, porque me permitió reencontrarme con una parte de mi historia y de mi deseo. Tenía la certeza de que me va a gustar; no es que, ‘uy, tengo curiosidad y quiero probar a ver si me gusta’, que yo creo que en realidad es que uno quiere y lo va a hacer, pero había algo muy, de mucha seguridad”.
